El club de natación de la Barceloneta me encanta por su situación frente al mar y la presencia del imponente teleférico, ensueño de mi vivienda fantástica. Aparte de la sugerente visión de la construcción férrea desde la piscina exterior hay otro elemento que capta mi atención. Representa la única concesión gestual del edificio racionalista de hormigón. Un simple vertedor de agua. La confluencia de un canal de hormigón con otro de chapa de corten. Pero su forma y el saliente metálico cuja silueta remarca en el vacío sobre el cielo le confiere una calidad poética que me sigue inspirando desde mi observatorio de la hamaca de la terraza.

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